La Divina Comedia de la Conciencia

¿Y si la Vida Fuera un Juego que se Juega desde el Corazón?

Todos pasamos por temporadas grises. Yo acabo de atravesar una donde sentía un vacío inexplicable, una inquietud persistente que me repetía que esta experiencia de vida “no lo era todo”. Una parte de mí sabía, de forma intuitiva y profunda, que existía algo más allá de nuestra realidad convencional, algo que podía responder a las preguntas que he arrastrado siempre.

“La búsqueda de la verdad no se hace en la realidad tridimensional, sino dentro de cada uno, específicamente en el corazón, que es el portal a dimensiones que trascienden el lenguaje.”

La respuesta llegó de forma casi mágica, como si la frase “cuando el alumno está listo, el maestro aparece” cobrara fuerza y se materializara ante mis ojos. Encontré una serie de podcasts que, curiosamente, hablaban de temas que siempre había percibido en mi interior pero que rara vez me atrevía a discutir. En estas entrevistas, personas de diversos orígenes coincidían en puntos fundamentales que, de inmediato, me quitaron un peso de encima.

Muchos de ellos son llamados canalizadores: reciben mensajes de una dimensión de conciencia diferente. Es un concepto que me recordó inevitablemente a la “Lattice” (celosía) de la que hablaba Jacobo Grinberg, esa red de conciencia que forma la realidad. Y el mensaje, independientemente del canalizador, es poderosamente constante: ¿Y si esta realidad en la que vivimos fuera, en verdad, una Matrix, y nuestro papel aquí fuera simplemente el de jugar?

Esta perspectiva transforma la tragedia en una comedia. ¿Y si todas nuestras experiencias de vida hubieran sido pactadas antes de llegar aquí? ¿Y si cada desafío, cada momento de dolor o de inmensa felicidad fuera parte de un guion que nosotros mismos escribimos? Las personas que encontramos, con las que chocamos o las que amamos, serían entonces aliados en este acuerdo cósmico para ayudarnos a superar lecciones específicas. Al aceptar esta posibilidad, dejamos de tomarnos la vida tan en serio y empezamos a disfrutarla, liberándonos del tiempo y las limitaciones que nos hemos creído.

Acepto la idea de que cada persona crea su propia realidad holográfica. Lo que los demás piensen de mí no me define, sino que es una proyección basada en sus propios filtros. No es necesario buscar reafirmación externa cuando la certeza se siente desde dentro.

Esas “causalidades” o sincronicidades no son accidentes; son pistas de este gran juego que nos llevan a una verdad fundamental: el objetivo de nuestra existencia no es aprender, sino recordar. Recordar de dónde venimos, quiénes somos y cuál es nuestro propósito en este vasto escenario.

Aquí es donde reside el consenso más importante de todos los canalizadores y buscadores con los que me he topado: el verdadero descubrimiento comienza desde adentro. No se trata de buscar respuestas en lo externo, en lo material o en las limitaciones de la realidad tridimensional que nos rodea. Todo comienza en el corazón, que actúa como un portal a dimensiones que apenas podemos imaginar o que, si las hemos vislumbrado a través de experiencias de conciencia alterada, nos llevan a significados tan profundos que las palabras (como ya hemos reflexionado en otros escritos) se quedan cortas para definirlos.

Sigo en la búsqueda de más, escribiendo y sintiendo lo que sé que es verdad para mí. La vida, después de todo, es un juego, y yo estoy empezando a disfrutar cada jugada.

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